Compartiendo la Pasión por la Pesca con mi Hija Mia

Desde que Mia, mi compañera de pesca más joven, tenía apenas 3 años, comenzamos juntas una aventura que ha sido mucho más que solo pescar. Es una conexión profunda con la naturaleza, un vínculo entre mentor y aprendiz que se fortalece con cada salida al agua. Para nosotras, pescar no es solo sobre atrapar peces, sino también sobre respetar y apreciar el mundo que nos rodea.

Nuestra historia de pesca comenzó en un pequeño rio cerca de casa. Recuerdo el brillo de entusiasmo en los ojos de Mia cuando le entregué su primera caña de pescar, apenas más larga que ella misma. Su risa de alegría cuando lanzó su anzuelo por primera vez es algo que atesoro en mi memoria. Desde ese momento, su amor por la pesca solo ha crecido.

Con el tiempo, nuestras aventuras nos llevaron a explorar diferentes lugares, desde tranquilos arroyos en la campiña francesa hasta los impresionantes paisajes montañosos de Cataluña. En cada viaje, Mia demostraba una curiosidad insaciable por la naturaleza que la rodeaba.

En Cataluña, tuvimos la oportunidad de pescar truchas a mosca en cristalinas corrientes del rio Ter.

Me sorprendió gratamente la habilidad natural de Mia para aprender la técnica de pesca a mosca; parecía que el arte de lanzar la línea y engañar a las truchas venía instintivamente para ella. Los niños, con su falta de miedo y su mente abierta, a menudo tienen una facilidad para asimilar nuevas habilidades de manera natural, y Mia no fue una excepción.

Una de las lecciones más importantes que hemos aprendido juntas es el respeto por los peces y la naturaleza en su conjunto.

Mia comprende la importancia del captura y suelta, y siempre tratamos a cada pez con cuidado y consideración.

Su amor por el lucio, con su característico color verde y su parecido con un cocodrilo, como dice ella, es solo una muestra de la fascinación que siente.

La pesca nos ha enseñado mucho sobre paciencia, perseverancia y trabajo en equipo.

Cada viaje nos brinda la oportunidad de disfrutar del aire fresco, los sonidos relajantes del agua y la emoción de la captura. Ver a Mia luchar con un pez, con esa chispa de emoción en sus ojos, es un recordatorio constante del poder de la naturaleza y la belleza de compartir estos momentos juntas.

Una de mis partes favoritas de cada salida de pesca es ver a Mia dar un beso al pez antes de soltarlo de nuevo en el agua. Es un gesto simple pero significativo, que demuestra su compasión y conexión con estos seres vivos.

Ahora que vivimos en Málaga, hemos explorado nuevas técnicas de pesca, desde pescar carpas con pan en los lagos locales hasta aventurarnos en el mar en busca de lisas.

Cada nueva experiencia nos brinda la oportunidad de aprender y crecer juntas, creando recuerdos que atesoraremos para siempre.

Nuestra transición a Málaga también nos ha permitido explorar una amplia gama de especies de peces. La costa andaluza está repleta de oportunidades de pesca emocionantes, desde las lisas que nos desafían en el mar hasta las carpas, lucios y blackbass que se congregan en los tranquilos lagos de la región.

 Adaptarse a estos nuevos entornos ha sido una aventura en sí misma, pero con Mia a mi lado, cada momento ha sido una lección de aprendizaje y un recordatorio de la belleza de la naturaleza.

La pesca no solo ha sido una actividad recreativa para nosotras, sino también una forma de educación. Mia ha aprendido sobre los ciclos de vida de los peces, la importancia de la conservación y el papel crucial que desempeñamos como guardianes de nuestros recursos naturales. Estas lecciones no solo son importantes para su desarrollo como pescadora, sino también como ciudadana del mundo que valora y respeta el medio ambiente que la rodea.

A medida que Mia crece, nuestra pasión por la pesca sigue siendo un vínculo constante entre nosotras. Nuestros viajes juntas no solo nos brindan la oportunidad de disfrutar del aire libre y la emoción de la captura, sino también de fortalecer nuestro vínculo como madre e hija.

 La pesca nos ha regalado momentos inolvidables, desde el amanecer en la orilla de un rio hasta las noches bajo las estrellas en el mar. Cada experiencia nos ha enriquecido y nos ha unido en un amor que es infinito.

En resumen, la pesca no solo es una actividad que disfrutamos juntas, sino también una forma de vida que nos ha unido como compañeras de aventura.

A través de esta pasión compartida, hemos creado recuerdos inolvidables y hemos fortalecido nuestro vínculo con la naturaleza y con nosotros mismas. Mia y yo estamos ansiosas por muchas más aventuras juntas en el agua, explorando nuevos lugares y creando recuerdos que perdurarán toda la vida.

Te amo Mia

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *